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El despertar de la movilización ciudadana

El resultado del triunfo del No en el plebiscito por la paz

El despertar de la movilización ciudadana

Desde distintos movimientos ciudadanos y estudiantiles se está trabajando en fórmulas para buscar que la participación de los jóvenes en la coyuntura del país vaya más allá de marchas en las calles y se concrete en propuestas claras y espacios de participación decisivos.

Marcela Osorio Granados/@marcelaosorio24
Miles de personas han llenado la Plaza de Bolívar en Bogotá exigiendo un acuerdo de paz ya.
Foto: AFP

La imagen fue contundente: la Plaza de Bolívar de Bogotá llena hasta más no poder, iluminada con centenares de antorchas y velas que representaban el clamor de un país que se volcó a las calles movido por una misma necesidad, la de aprovechar la oportunidad más clara que se ha tenido para dar fin al conflicto armado de más de medio siglo. La escena, que en principio parecía imposible, se repitió ocho días después y fue la confirmación del despertar de la movilización ciudadana como herramienta de cohesión en medio de una sociedad polarizada por cuenta de las campañas del plebiscito por la paz y que había quedado aún más dividida tras su resultado en las urnas.

Y con el fenómeno de las multitudinarias movilizaciones, de la unión de fuerzas y voluntades, se develó también el trabajo juicioso que desde hace tiempo vienen realizando jóvenes y estudiantes en la construcción de espacios de análisis y debate, impulsados por la convicción de que no pueden ser simples convidados de piedra en un momento histórico para Colombia. “Antes del plebiscito se habían venido impulsando procesos en las universidades. En el caso de la Nacional, a través de Un Sueño de Paz, nos habíamos estado moviendo haciendo pedagogía sobre los diálogos”, explica Diana Medina, una de las muchas jóvenes que han impulsado el proceso.

Sin embargo, no fue sino hasta la derrota del Sí en el plebiscito del pasado 2 de octubre que el respaldo se consolidó, fortalecido por una sensación colectiva de incertidumbre. Los encuentros furtivos en cafés, parques y campus universitarios entre los muchos ciudadanos que creyeron perdida la posibilidad de acabar la guerra, terminaron convirtiéndose en escenarios de discusión que dieron paso a la conformación de movimientos estructurados, con una propuesta común: exigir la pronta consecución de un acuerdo de paz.

“No queremos que este proceso se caiga o se dilate. No queremos que haya demoras y muchísimo menos si están orquestadas por partidos que quieren postular sus agendas con miras a las elecciones presidenciales de 2018. La paz es un bien común que no debe estar sujeto a eso”, manifiesta Medina. Para ella, en este contexto, el movimiento estudiantil tiene una tarea histórica y estos ejercicios de participación ciudadana en las calles dejan ver una contundencia política importante que lo muestra como una fuerza viva, que si bien había estado pasiva en los últimos años, es una fuerza protagónica.
Y esa es, en últimas, la razón de ser de los movimientos que han surgido en las últimas semanas: reclamar su papel en la historia y capitalizar el apoyo ciudadano para trabajar en propuestas y, sobre todo, entender los argumentos de los sectores de la oposición que decidieron no apoyar el Acuerdo suscrito entre Gobierno y Farc. “Nuestro propósito es entenderlos y decirles que sí hay gente en plan de escucharlos. Nos corresponde a todos construir y presentar las exigencias para que se haga rápidamente una agenda y se llegue a consensos de inmediato”, explica Julián Carrero, una de las caras visibles del movimiento Paziempre, que se ha reunido con varios de los líderes de sectores críticos de lo pactado en La Habana, como Jaime Castro, Pedro Medellín y Marta Lucía Ramírez.

Sin embargo, los jóvenes son conscientes de que la participación no puede quedarse solo en movilización en las calles y que lograr un cambio real exige más trabajo. En ese camino, los líderes de Paziempre se organizaron en diez comités para abordar individualmente aspectos jurídicos, propuestas de innovación, pedagogía, relaciones externas, logística y comunicaciones y construir así nuevas formas de movilización y de injerencia.

Es la misma premisa bajo la cual se creó —tan solo un día después del plebiscito— PazALaCalle, una asamblea ciudadana sin vínculo con partidos políticos, que plantea un espacio abierto de diálogo para proponer acciones en pro de la unidad y en busca de aportes para la construcción de una paz incluyente. Del segundo encuentro surgieron los cinco principios básicos que posteriormente se convirtieron en un decálogo guía para el trabajo que adelantan.

Las asambleas se llevan a cabo en espacios abiertos, como el Park Way, en los que se crean pequeños grupos de trabajo dependiendo de las temáticas y se hacen propuestas sobre acciones futuras. De forma paralela también se reúnen los delegados de las comisiones —pedagogía, jurídica, género, artística, comunicaciones, entre otras— para establecer estrategias dependiendo de cada área.

Pero, independientemente del movimiento, las exigencias coinciden en su mayoría y son en el fondo casi un mismo manifiesto: respeto al cese al fuego bilateral y acuerdo ya. Fueron esas las peticiones que le hicieron al presidente Juan Manuel Santos en un encuentro privado que el mismo mandatario solicitó con los representantes de los movimientos, al ver el impacto de las marchas del 6 y el 12 de octubre. “Estuvimos muchas expresiones de las que nos hemos estado moviendo. Quisimos dejarle claro al presidente que esto es una iniciativa ciudadana y no queremos injerencia política ni en las marchas ni en las convocatorias”, explica Diana Medina, quien asistió a la cita.

Del encuentro salió el anuncio presidencial de prorrogar el cese al fuego hasta el 31 de diciembre, una noticia que fue vista como un triunfo del movimiento ciudadano. “Cada grupo explicó sus objetivos y principios. Nosotros exigimos un calendario, agenda y cronograma claro de esta etapa del proceso. Que se mantuviera el desminado, la salida de niños. Le explicamos que creíamos que el tiempo conspira contra la paz y contra la vida”, refirió Julián Carrero.

Lo que viene es seguir en la pelea. Están uniendo fuerzas para una nueva movilización este jueves 20 de octubre, pero solo como una parte de la estrategia. La idea es a futuro lograr participación en escenarios claves para la toma de decisiones. “Queremos que en el diálogo nacional por la paz el movimiento tenga una participación activa. No queremos ser parte de la mesa, por su puesto, pero sí tener participación en la implementación de los acuerdos en ciudades y territorios. A modo de cabildos, comisiones con las víctimas, un gran diálogo con jóvenes que tenemos mucho que decirle al país”, concluye Diana Medina

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